Historia de AGEUP

ORÍGENES DE LA OBRA ESTUDIANTIL

Decir “universidad” es hablar de “juventud”, “ideales”, “cuestionamiento”, “cambio” y “rebeldía”; y esto, en la historia de la iglesia, supuso un encuentro entre los altos ideales inspirados en Dios, la misión cristiana, la osadía juvenil y la búsqueda del cambio. Así, encontramos a Tomás de Aquino en las revueltas estudiantiles del siglo XIII; a Martín Lutero, profesor universitario, encendiendo la llama de la reforma del siglo XV; a Thomas Bilney de la Universidad de Oxford convertido a Cristo en 1561 mediante una lectura personal del Nuevo Testamento y reuniéndose en secreto con estudiantes como Thomas Cranmer, Hugo Latimer y Nicolas Ridley para estudiar la Biblia y los escritos de Lutero; y tiempo después a John Wesley en la misma Oxford, fundando con otros jóvenes “El Club Santo”, para seguir a Cristo desde el medio universitario y a través de una vida metódica, opuesta a los relajamientos de sus compañeros de aula.

A fines del siglo XIX, en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, C.T. Studd y Stanley Smith, deportistas de fama mundial, fundan junto a otros estudiantes cristianos el llamado “Grupo de los Siete de Cambridge”. En 1882, Moody, el célebre predicador norteamericano, llega a las universidades de Oxford y Cambridge y los conoce. En 1885 Moody vuelve a Cambridge, y anima a los muchachos a que viajen con él a los Estados Unidos para compartir su fe con otros universitarios. Los costos del viaje son altos, y todos deben vender varias pertenencias para poder enviar a uno solo. Es Studd quien acepta el reto, a pesar de haberse casado hacía pocos días. En la Universidad de Cornell, en Nueva York, un estudiante, John R. Mott, asiste a la conferencia de Studd. Mott quiere conocer a ese atleta famoso y acaba conociendo a Cristo.

En 1895, Mott y otros cinco cristianos universitarios fundan en Suecia la Federación Mundial de Estudiantes. En Inglaterra, se conforma el denominado “MEC” (Movimiento Estudiantil Cristiano), el mismo que prontamente se asimila a la Federación, y en medio del auge “intelectualista” de la crítica bíblica y la teología liberal, tanto la Federación como el MEC inician una inclinación hacia esta postura teológica, derivando en una óptica liberal, ecuménica y no confesional, por lo que en 1910 el grupo de la Universidad de Cambridge (CICCU) se retira del MEC y por ende de la Federación. Norman Grubb, su líder, lo recuerda así:

“Después de una hora de conversación que no nos condujo a ninguna parte, les expusimos una pregunta vital y directa: «¿Considera el MEC que la sangre de Cristo es el punto central de nuestro mensaje?» La respuesta fue:« No, no es central, si bien le damos un lugar en nuestra enseñanza». Esa respuesta definió el asunto. Allí mismo respondimos que: «Para nosotros la sangre expiatoria de Jesucristo es el corazón mismo de nuestro mensaje, y no podemos pertenecer a un movimiento que le otorgue un lugar inferior»”.

No era posible ceder ante los intelectualismos que menoscababan la autenticidad bíblica y lo fundamental e innegociable de su mensaje. No era negociable aceptar formas de ecumenismo ajenas a una común confesionalidad. Es bajo esta perspectiva que se gesta la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos (CIEE), a la cual la AGEUP pertenece, ya que con la actitud iniciada en 1910 en Cambridge empieza también un crecimiento y convergencia de la posición universitaria confesional puramente evangélica que significan la CIEE y la AGEUP. Desde Inglaterra (con la conformación de la Intervarsity Fellowship of Evangelicals Unios), pasando por el resto de Europa, Estados Unidos y Canadá (llamados también Intervarsity, en los Estados Unidos y Canadá), hasta su irrupción casi autóctona en América Latina, la obra estudiantil no cesa de crecer. En los albores del tercer milenio, los distintos movimientos estudiantiles que hoy conforman la CIEE, hacen de ésta la organización evangélica más grande del planeta.

LA PRESENCIA CRISTIANA EN EL MEDIO ESTUDIANTIL DE AMÉRICA LATINA

En retrospectiva, es posible identificar algunos “focos” de emergencia del movimiento estudiantil en América Latina. Uno de ellos corresponde al Perú.

Corría el año de 1951, y el norteamericano Edward Pentecost, luego de meses de oración, recibe una carta desde México. «¿Podría venir a San Luis y presentarnos lo que hacen allá? Tenemos una docena de universitarios interesados». Para Pentecost equivalía a: «Pasa a Macedonia y ayúdanos». Al arribar a San Luis, Potosí, Pentecost se encuentra no sólo con estudiantes locales sino con cinco provenientes de Ciudad de México, los mismos que desde hacía tiempo habían ahorrado para costearse los pasajes y demás gastos. El COMPA («Compañerismo Estudiantil»), movimiento estudiantil mexicano, estaba emergiendo. Mientras tanto, el mismo año pero en Asunción, el paragüayo Reynaldo Decoud Larrosa fundaba la ADUCEP (Agrupación de Universitarios Cristianos Evangélicos del Paraguay). Profesor universitario, Decoud discutía acerca de fórmulas matemáticas así como de filosofía, psicoanálisis y astronomía; leía y hablaba en guaraní, inglés, hebreo y griego; pero tenía también un benigno corazón de pastor. Él fue guía de una vasta generación de líderes evangélicos paraguayos de diversas denominaciones. Más al sur, en Buenos Aires, la doctora Gwendolyn Shepherd regresaba de los Estados Unidos, luego de sus estudios de post grado. Allí había sido una de las fundadoras de la base de Intervarsity en la Universidad de Harvard. Siendo aun estudiante de medicina de la Universidad de La Plata, Argentina, Gwendolyn había ya comenzado la obra. Estamos en 1950, y ahora, nuevamente en casa, la doctora Shepherd animaba a cristianos de la Universidad de Buenos Aires a fundar la llamada «Peña Bíblica Universitaria de Buenos Aires». A partir de la «Peña», muchos estudiantes conocen al Señor. La «Peña» dejó de ser, pero sólo en favor al surgimiento de la ABUA, la Alianza Bíblica Universitaria Argentina.

LA PRESENCIA CRISTIANA EN LA UNIVERSIDAD PERUANA

Son los años cincuenta. Ruth Siemens era una profesora norteamericana que había venido al Perú para enseñar en el Colegio Roosevelt. Ella había sido miembro de Intervarsity, el movimiento estudiantil de los Estados Unidos, y aprendió el español en la universidad. Una de las razones por las que había aceptado una propuesta para trabajar como docente tan lejos de su país, era saber que en el Perú no existía movimiento estudiantil.

Mientras tanto, en otros puntos de Lima, algunos universitarios evangélicos se sentían en medio de un fuego cruzado de ideas y convicciones. Recibían un tipo de formación humanista, evolucionista e iconoclasta, que los enfrentaba con su fe en Cristo, la Biblia y las convicciones derivadas de ésta. Asimismo, al animarse por la formulación de preguntas derivadas de su mundo estudiantil, no recibían de sus pastores y líderes sino respuestas en forma de evasivas y a manera de una consejería espiritualizada que los invitaba al ascetismo y la separación de “lo mundano”. Uno de estos estudiantes se llamaba Samuel Escobar Aguirre. Samuel provenía de un intento fallido de la Iglesia Bautista por establecer un grupo universitario con sede en el Centro de Lima, y había sido, en 1953, representante del Perú ante el Congreso Juvenil Mundial de Río de Janeiro. En otra parte de la ciudad, otro estudiante, Enrique Giraldo, intentaba hallarle a su vocación como futuro economista un sentido cristiano que superara el buen testimonio y la puntualidad en sus diezmos y ofrendas. Lo mismo ocurría con personas como Aida Casildo, Bill Aish y Berta Díaz, todos, universitarios disconformes tanto de una independencia de Dios respecto a su realidad académica, estudiantil y socio-política, como de un falso eclecticismo intelectualista que entendía erróneamente que la universidad peruana estaba “ya evangelizada”, por el hecho de haber allí una mayoría católica.

Instalada en Lima, Ruth Siemens arrendó un pequeño departamento. En 1955, empezó a llegar allí ese puñado de cristianos universitarios, todos sanmarquinos, a los cuales ella iba reclutanto en su peregrinar por varias iglesias. Samuel Escobar recuerda su primer encuentro con Ruth en casa de ésta, en los siguientes términos:

«Estaba en su sala, sentada frente a dos Biblias, un inmenso comentario en inglés, en un tomo, y una ruma de papel en blanco. Inmediatamente me invitó un café, y ante mi interés en lo que hacía me embarcó en un estudio bíblico de Romanos. Cuando salí me di cuenta que se nos habían ido tres horas de estudio y discusión entusiasta. Acaba de descubrir el método inductivo, la alegría de encontrar por cuenta propia las riquezas del texto bíblico»

Lo novedoso de las reuniones en casa de Ruth era que el estudio de la Biblia era diferente: no había un expositor como tal, y la enseñanza emergía de un esfuerzo mancomunado. Ruth hablaba poco, y cuando en lo concreto recibía alguna pregunta, solía devolvérsela al resto, fomentándose la discusión, aunque sin pretender con ello abandonar el texto. Además, se motivaba al grupo a desarrollar dos objetivos colectivos: uno: hallarle al texto el mismo sentido que tuvo en la mente del autor bíblico y los destinatarios originales; y dos: vivenciar el mismo impacto que dicho texto le imprimió a la vida de sus protagonistas y destinatarios.

Al año siguiente, 1956, el grupo había crecido y estaba cohesionado. Samuel había invitado a María Luisa Escobedo y Carlos García, reclutados del mismo grupo de estudio universitario al que pertenecían intelectuales de la talla de Héctor Béjar y Luis Roy Freyre. Tanto María Luisa como Carlos (este último, socialista militante) aceptaron en una sesión de estudio bíblico a Cristo como salvador de sus vidas. Más nombres se fueron añadiendo: Pedro Merino, Ada Bullón, Fabián Soto, entre otros.

A pesar que todos la pasaban muy bien en casa de Ruth, el grupo entendió que al ser sanmarquinos la obra por acometer estaba en dicha universidad. Así nació el llamado “Círculo Bíblico Universitario”.

Verano de 1956. El CBU organiza su primer campamento en La Molina. Por esos días llega Robert Young, de La Comunidad. Su propósito era animar al grupo (del cual ya se tenía noticias), respecto a la obra estudiantil, y compartir lo que Dios iba haciendo en otras experiencias universitarias. Un año después, vuelve a realizarse otro campamento, y muchas cosas han cambiado: mediante los contactos establecidos por Robert y Ruth, se entusiasma a estudiantes de Ecuador y Bolivia para que vengan. Por otra parte, la iglesia evangélica en el Perú va comprendiendo que la obra estudiantil era su brazo en la universidad, y que colaboraba a incorporar nuevos miembros a sus congregaciones. En el campamento de 1957, el pastor Federico Muñoz y el misionero Paul Roffe son los oradores. A partir de los contactos con ecuatorianos y bolivianos se empiezan a hacer esfuerzos por un trabajo misionero en esos países. Enrique Giraldo visita La Paz y Cochabamba. Respecto a Ecuador, si bien sólo se gesta un apoyo epistolar ello los anima y se traduce en acciones concretas en dicho país. Asimismo y a nivel nacional, empiezan desde Lima los viajes misioneros, aprovechando para ello las vacaciones universitarias, en un caso, o el hecho de ser ya profesionales jóvenes pero solteros, y todo bajo el autofinanciamiento de cada quien. Ese mismo año, Ruth decide irse al Brasil al enterarse que allá no hay testimonio cristiano universitario, aprovechando la propuesta de otro colegio. Ahora el destino del movimiento estudiantil peruano está en manos de los propios estudiantes y jóvenes profesionales cristianos.

A principios de 1958 Enrique Giraldo había salido para Chile por un post grado y bajo la consigna de empezar allí un grupo tipo CBU. La labor misionera se multiplica y los movimientos estudiantiles empiezan a emerger en América Latina. Es así como entre el 19 y el 27 de julio de 1958 se reúnen en Cochabamba, Bolivia, estudiantes y delegados de diferentes iniciativas en América Latina. Allí se da forma a la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos para América Latina. De dicha reunión alguien recuerda:

Es el año de 1963. La obra ha crecido en varias ciudades del Perú y se convoca desde Lima a un campamento en Tambo de Mora, Ica. Allí la obra se formaliza y se funda la Asociación de Grupos Evangélicos Universitarios del Perú-AGEUP, y eligiéndose como secretario general a Pedro Arana. La obra crece. En Lima se cuenta con una pequeña oficina en el Centro, y allí, estudiantes de diferentes universidades se reúnen para orar y planificar qué hacer en sus bases. Es la época del auge de la revolución cubana pero también de Vietnam. Son los años en los que empieza a circular droga en las universidades y en los que se sabe que hay guerrilla en la selva y sierra. En ese contexto, cuando todo es entusiasmo y se piensa en un futuro político mejor o en una sociedad más relajada y menos represiva, se hace necesario decir que si la historia está ganada lo está en Cristo, en quien es posible hallar una libertad que empieza por la liberación de la muerte que representa el pecado. Entre los años 1966 y 1967, el metodista René Castro se hace cargo de la Secretaría General, siendo sucedido al siguiente por Guillermo Yoshikawa y al subsiguiente por Oscar Calderón Olivera. Ya en 1971, Mercedes Nakachi y Humberto Bullón comparten el liderazgo del Movimiento. En los círculos evangélicos empieza a murmurarse respecto a la osadía de tener a una mujer en la dirección pastoral de una institución cristiana.

31 de mayo de 1970 a las 3:20 de la tarde.

Ocurre en el Callejón de Huaylas el segundo terremoto más fuerte del planeta en todo el siglo XX. Un grupo de estudiantes viaja a la zona. Al norte de dicha región, estos se encuentran con Florencio Durán, uno de los pocos evangélicos de allí. Ante el denuedo de los estudiantes por ayudar a los más necesitados, el hermano Durán dona un terreno a la AGEUP, para fines de que sobre éste se levante un centro de servicios y ayuda social para la zona. Ello despierta en Lima un fervor inusitado. Los estudiantes se organizan para ver de qué manera y conforme a la orientación académica de cada uno es posible levantar allí una infraestructura que soporte un proyecto de servicio.

Pilar Urquieta, estudiante de arquitectura, levanta los planos aprovechando la necesidad de hacer su tesis; Gloria Yábar, estudiante de ingeniería de la UNI, se encarga del manejo administrativo; Nelson Ayllón, Esteban Cuya, Daniel Llanos y otros, se meten de lleno en el trabajo; todos, bajo la coordinación de Humberto Bullón, quien aun es estudiante de la Universidad Agraria. Se logran aportes del extranjero, y ello también atrae a estudiantes de la Comunidad. Se organizan campamentos de trabajo, porque no hay dinero para gastarlo en albañiles. Así se gesta lo que durante los setenta y ochenta sería el «Proyecto de Desarrollo Huaylas». En lo que a mística de trabajo y compromiso con el más necesitado, la figura de Humberto Bullón se mantiene a partir de esta experiencia como un ícono identificable en la historia del movimiento.

Entre 1973 y 1980 el Secretario General es Nelson Ayllón Flores, y entre 1981 y 1985 Caleb Meza Arellano. Durante estos años se cambia el nombre de “Círculo Bíblico Universitario” por el de “Comunidad Bíblica Universitaria”. Las bases de la AGEUP llegan a ser identificadas como CBU, porque la mayoría adopta esta nominación. Si durante los setenta aparecen líderes como Almanzor Fernández, Gonzalo Salirrosas, Esteban Cuya y los propios Nelson Ayllón y Caleb Meza, con un compromiso por la causa de Cristo lo suficientemente perdurable como para manifestarse hoy en roles protagónicos para la misión de la iglesia a nivel mundial, durante los ochenta el movimiento crece en consolidación.

Aquí encontramos a Genaro Guerrero, Darío López, Alejandro Silva, Angelit Guzmán, Carolina Lovatón, José Regalado, Ruth Alvarado, Benjamín Bravo, Aníbal del Águila, Juan Inocencio, y a fines de los ochenta a Alex Chiang, Abdías León, Juan Alvear, Efraín Cavidedes, Ian Darke, Miguel García, Enrique Pinedo, entre otros. Entre 1986 y 1991, el propio Darío López Rodríguez asume el reto de la Secretaría General, y el crecimiento no sólo es numérico sino también en compromiso. Son los años del terrosismo senderista y emerretista. Ahora no sólo hay que discutir y compartir el evangelio con los intelectuales ateos, sino con quienes directamente están vinculados con el atentado, el crimen y el sabotaje. Si algo caracterizó esta época fue una dinámica que superó la pertenencia a una u otra universidad, y que sólo se explica en la necesidad por una unidad que superó los ataques recibidos.

Durante los años noventa el movimiento traslada en Lima su sede administrativa, de la Av. 28 de julio en Jesús María al Distrito de Pueblo Libre. Se concretiza el anhelo por contar con una vivienda estudiantil para universitarios de provincias, así como con un local con auditorio, biblioteca, oficinas y espacios para las coordinaciones de los estudiantes. En el año de 1992, la responsabilidad de la Secretaría General recae en Alejandro Silva. Se hace necesario adecuar todo lo administrativo a la realidad de un movimiento grande y de gestión estudiantil, en prácticamente todos los departamentos a nivel nacional. La obra se regionaliza. Existe la necesidad de obreros locales que atiendan pastoralmente al liderazgo de cada base en cada universidad. Cada vez hay más convertidos, cada vez más mayor necesidad material y espiritual por atender, cada vez mayores desafíos.

En 1997 Juan Inocencio Silva asume la Secretaría General. Junto a él se cuenta con el apoyo de Miguel y Mary Foster, australianos que venían colaborando con la pastoral del movimiento desde principios de los noventa en Arequipa y el sur del país. A ellos se añaden Katty Rafael, Miguel García, Juan Castillo y Erika Izquierdo, en la obrería nacional. A principios de 2,002, Katty asume nuevos retos y también se casa, y Miguel García y Juan Castillo enrumban a Costa Rica en busca de una preparación teológica que colabore con su futuro ministerial. Ingresan en la posta Fernando Dávila, quien proviene de la experiencia del Movimiento Estudiantil Cristiano de Iquitos, base de la AGEUP en dicha ciudad, y Oscar Jó, quien junto a su esposa Margelis han pasado por la experiencia de la obrería en Unidad Cristiana Universitaria, el movimiento estudiantil colombiano homólogo a la AGEUP.

En el año 2011 Juan Alvear Rodríguez asume la Dirección Nacional de AGEUP en medio de grandes retos y desafíos de un movimiento estudiantil en pleno crecimiento cuantitativo. El equipo que viene acompañando este proceso histórico del movimiento son Wilmer Diáz Barboza en la región norte, Marly Montoya Iglesias en la región oriente, Raquel Ferrer Gargate en centro oriente, René Castro Vergara, Carolina Meza Arévalo y Christine Mattews en costa centro, Adela Sunción Linares en la dirección administrativa. Agradecemos a Dios por el trabajo de acompañamiento pastoral a las CBUs de Arequipa y Pucallpa de los misioneros David Jeyachandran y David Eschenbach. Hablar actualmente de la AGEUP significa también pensar en más de setecientas células y grupos de estudio bíblico al año a lo largo y ancho del territorio peruano; de la presencia de testimonio cristiano en sesenta y cuatro universidades e institutos de educación superior en todo el país; y de ser una de las diez agrupaciones juveniles más grandes del país, según propias estadísticas del Congreso de la República.


Podemos mirar con confianza el futuro, sabiendo que «el que comenzó... la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Fil.1:6. )

 

 

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